Existen  mujeres que han marcado el rumbo de Colombia a lo largo de toda su historia. Aquellas heroínas de la independencia como Policarpa Salavarrieta o pioneras en cargos públicos como Josefina Valencia de Hubach, la primera mujer ministra de educación en 1957.

Está el caso de Gabriela López quien en 1936 fue la primera colombiana en convertirse en abogada. Otras como Adriana Ocampo, geóloga de la NASA y reconocida como una de las 50 científicas más destacadas del mundo.

La lista es interminable. En cada campo del conocimiento, las artes o la educación hay un grupo de colombianas que han dejado una gran marca en el desarrollo del país.

No obstante, hoy quiero rendir un homenaje a aquellas mujeres a las que los reflectores no señalan o pasan desapercibidas para los medios, pero que hacen historia día a día.

Esas que se levantan de mañana para cocinar, preparar a sus hijos para que vayan al colegio, ayudar a su esposo a que pueda cumplir con su trabajo y, no obstante, se ocupan por mantener un hogar hermoso y limpio.

Otras que desde muy temprano trabajan la tierra, recogen la cosecha y van al mercado a venderla, sin descuidar a sus hijos o las labores de su casa.

Algunas más se dedican a producir, a crear con sus manos productos que comercian para tener un sustento para su familia. También existen las que trasnochan estudiando y madrugan a trabajar, se esfuerzan por alcanzar sus sueños sin importar si el panorama es favorable.

Muchas de estas mujeres anónimas, pero que encontramos en cada barrio, en cada vereda, en cada casa, han sido víctimas de violencia o de maltrato, sin embargo, siguen luchando con entereza por sus familias, por sus hijos, por su país.

Estas colombianas han sido el corazón que ha impulsado, día tras día, los grandes cambios sociales que han ocurrido en Colombia.

Por ese gran aporte a la nación es que he sentido un inmenso compromiso con cada una de las mujeres de mi país. Me identifico con sus necesidades, sueños y anhelos y, como cada una de ellas, trabajo por hacer de Colombia una mejor nación para nuestras familias.

Hoy 8 de marzo día internacional de la mujer quiero honrar a cada abuela, madre, esposa, a cada campesina, comerciante, a cada profesional que con su trabajo aporta en gran manera al desarrollo del país.

Gracias a todas ustedes, son mi mayor ejemplo y motivación para decir ¡Sí se puede dignificar a la mujer!

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